La Torre Oscura

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Cuando vi los tráilers de La Torre Oscura (Nikolaj Arcel), me temía lo peor: un festival de efectos especiales y una pésima, pero comercial, adaptación de las novelas de Stephen King. En realidad, la película es entretenida y breve para lo que suele gastar el género fantástico. Y no la puedo considerar una adaptación de las novelas, porque más allá del nombre de algunos personajes y un par de circunstancias, no se ajusta, ni en forma ni en fondo, a las novelas.

la torre oscura

Así, Rolando de Gilead, que Stephen King había concebido como una mala bestia (el propio autor reconoce que tenía en mente al Clint Eastwood de El jinete pálido y los spaghetti westerns), se convierte en un bonachón Idris Elba (qué flojo papel para tan buen actor) que, por ignorancia de las leyes de la física, especulo, ya que Rolando no volaba, convierte trayectorias parabólicas de caída en trayectorias lineales. Walter, el hombre de negro que huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él, es un malo retorcido e intrigante que en manos de Matthew McConaughey se vuelve un malo muy maloso, pero infinitamente más plano que el del libro (aún así, McConaughey le da vidilla al filme). Y que parece ir en pos de Rolando y Jake, al revés de la novela. Quizá Jake sea el personaje más fiel (también es el más simple), pero el metraje no guarda espacio para desarrollar su relación con el pistolero, ni posee la intriga de la novela acerca de cuál es su papel en la historia. Creedme que podría seguir así varios párrafos… que os voy a resumir en un par de líneas: esta película no es una adaptación de la obra; es una demolición pura y dura donde los principales temas de los libros (el debate interno de Rolando entre su corazón de piedra y el afecto de Jake, las profecías y el destino, el Ka y el Ka-tet, el precio de la venganza, la descomposición física y moral de un mundo que “se ha movido”…) desaparecen, junto al estilo épico y sucio original, para crear un producto orientado a un público más infantil que juvenil.

Si uno se olvida de la saga literaria, la película es entretenida pero insuficiente. Pero, una vez que se posee la perspectiva literaria, se convierte en una descorazonadora oportunidad perdida. Habrá que esperar veinte años, y rezar para vivirlos, a que un Nolan u otro equipo más capaz reinterprete la historia y la realce a un nivel digno.

La Torre Oscura comparte este rasgo con otras películas recientes, como si se estuviera convirtiendo en una circunstancia recurrente: en sí ser razonablemente buenas, pero al valorarlas en perspectiva se despojan de gran parte de su bondad. Un ejemplo fue El despertar de la fuerza, pero también lo ha sido la última entrega de El caso Bourne, las sucesivas entregas de Los juegos del hambre, las nuevas entregas de Star Trek o más recientemente, Guerra en el planeta de los simios.

Cosas del azar, mientras termino de escribir esta entrada, en el canal Dark están emitiendo otra adaptación de Stephen King: La Zona Muerta, dirigida por David Cronenberg. Esta sí que es una buena adaptación y una buena película, con Christopher Walken dando vida al bueno de Johnny Smith, que se despierta tras cinco años de coma con la capacidad de ver el futuro.

No sé si alguien se habrá parado a contar, pero está claro que King es uno de los escritores cuya obra ha sido llevada en más ocasiones al cine y la televisión. Con suerte dispar, claro está. Pero entre todas las adaptaciones hay un generoso puñado de buenas películas: Carrie (Brian de Palma), Misery (Rob Reiner), Cuenta Conmigo (Rob Reiner), La Milla Verde (Frank Darabont), Cadena Perpetua (Frank Darabont) o, por supuesto, El Resplandor (Stanley Kubrik) (si bien, de ésta, Stephen King no aceptó la versión realizada por Kubrik). Y otras adaptaciones, a pesar de que no tengan la calidad de las anteriores, se han convertido en referencia, como Salem’s Lot o El Cementerio de Animales.

El caso es que en un par de semanas se estrenará una nueva adaptación de It, otra de las novelas emblemáticas de Stepen King, que ya había sido llevada a la pequeña pantalla como miniserie en los 90, dirigida por Tommy Lee Wallace y con Tim Curry como Pennywise. No era una buena adaptación, pero los aficionados al género de terror le guardan cariño. Espero que la nueva versión cumpla con la novela y las expectativas que han creado sus tráilers. Pero eso ya es cosa de otra reseña.

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Su mejor historia

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Su mejor historia, dirigida por la danesa Lone Scherfig (Italiano para principiantes, Una educación) narra las peripecias de un equipo de rodaje que, en medio del asedio aéreo a Londres en la Segunda Guerra Mundial, trata de sacar adelante una película sobre Dunquerque (¡qué coincidencia!). Pero el Ministerio de Información no quiere una película cualquiera, debe servir a la propaganda del Ministerio tanto para mantener la moral de la población británica (“¡¡Autenticidad y optimismo!!”) como para atraer a la causa a la opinión pública estadounidense, por aquel entonces reacia a que su país interviniera en la guerra.

Su mejor historia

El centro de la historia está narrado desde el punto de vista de Catrin Cole (Gemma Arterton, para mí inolvidable en Byzantium), una joven galesa que encuentra trabajo como guionista y que se hará paso en un mundo dominado por los hombres gracias a su talento. Tanto la protagonista como el resto del reparto, del que hay que destacar a Bill Nighy (Love Actually, Underworld), bordan un relato equilibrado entre drama, comedia y tragedia, bien ambientado y dirigido, cuyo principal tema es la “magia” del cine, entendida como la capacidad de este arte para, partiendo del engaño, ser capaz de despertar emociones en los espectadores. Para los cinéfilos, Su mejor historia es un deleite, en tanto se sumerge divertidamente en el proceso de producción de las películas (narra desde la idea original hasta las reacciones del público) en una época en la que el cine aún poseía un aura de inocencia primigenia, al menos en los espectadores. No como ahora, que vais todos a criticar para dároslas de listillos. Pero también aborda más temas, como la integración de la mujer en el mundo laboral (“Tienen miedo de no ser capaces de meternos de nuevo en la caja cuando esto termine, y se vuelven hostiles” – más o menos), la vida en tiempos de guerra, la pérdida de los seres queridos o el tránsito a la edad madura (seguro que me olvido de alguno más), con una trama de desengaño y amor que, al menos para mí, dista de apropiarse del resto de las historias y sirve para desarrollar correctamente los personajes.

En fin: otra buena película que pasa desapercibida por la cartelera. Sinceramente, no sé qué criterios tienen las distribuidoras y las productoras de cine para la promoción de las películas, pero están fallando cuando producen cintas absolutamente prescindibles (por ejemplo, Siete deseos) y no son capaces de captar a una cantidad razonable de público con películas de buena calidad y con potencial para ser comerciales.

Colossal

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Gloria (Anne Hathaway) es una chica bastante fiestera. Tal vez algo más que bastante. De hecho, ha perdido su trabajo hace casi un año y se pasa la noche (y el día siguiente, también) de fiesta en fiesta por Manhattan. Hasta que su novio (Dan Stevens, protagonista de Legión), ya harto, decide echarla de casa y a ella no le queda más remedio que regresar a su hogar de la infancia, una casa ahora vacía en un apacible pueblo. Allí se reencuentra con Oscar, su compañero de cole (interpretado por Jason Sudeikis, de Cómo acabar con tu jefe y Somos los Miller), que regenta el bar que heredó de su padre y la contrata como camarera.

Hasta aquí el argumento es de comedia romántica, pero la película está dirigida por Nacho Vigalondo (el de Los cronocrímenes, Extraterrestre y Open Windows) y, por decirlo usando una coletilla de moda, no da el perfil de director de comedia romántica, así que la historia se empieza a poner bizarra cuando aparece un monstruo de dimensiones gigantescas deambulando por Seúl. Sí, seguís en la misma reseña. Gloria descubre que está conectada con el monstruo y que, de hecho, puede controlarlo desde el otro lado del mundo: el monstruo hace exactamente lo que ella decide hacer. Y hasta aquí podemos llegar… sin hacer ningún espoiler severo. ¿Es una comedia? Sí, claro. ¿Es un drama? Pues también: sobre todo es un drama; pero no tanto en el sentido de que fuese un dramón y hubiera que llorar, sino porque la esencia de la película se centra en desarrollar al personaje protagonista, que debe enfrentarse a los antagonistas, uno de los cuales es ella misma.

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Es una película que nos cuenta la lucha, en ocasiones cruel e infructuosa, de nosotros mismos frente a nuestros temores más arraigados, las inseguridades que han crecido a nuestro lado desde las etapas más tempranas de nuestra vida. En ese sentido, es Gloria la que lucha contra sí misma. También habla acerca de la necesidad de deshacernos de los sentimientos, las relaciones y las actitudes más tóxicas, propias y ajenas, y superarlas. Y del efecto que tienen nuestros actos sobre las vidas de los demás (esos coreanos… pobrecillos), por insignificantes que nos parezcan nuestros actos. Este es el mensaje principal de este cuento. Y el guión, con momentos de auténtica calidad, sostiene con solvencia dicho mensaje y alguno más. Para mí es una película esencialmente feminista. Lo señalo sobre todo frente al feminismo infantil que ha publicitado Wonder Woman, su compañera de de cartelera. En Colossal, los personajes masculinos ostentan un machismo reconocible, cotidiano, realista, tratando de tomar decisiones sobre Gloria pero sin Gloria (¡15 puntos para Gryffindor por el juego de palabras!), dejando en evidencia el mecanismo subyacente en las típicas comedias románticas simplonas: la salvación de la chica pasa a través del chico bueno. Porque en Colossal es la protagonista la que deberá liberarse a sí misma.

Una referencia ineludible para este filme es la reciente Un monstruo viene a verme, de Juan Antonio Bayona, en la que otro monstruo colosal ayudaba a que un niño asimilara el proceso de duelo por el cáncer terminal de su madre. En la de Bayona, emocionante y lacrimógena, el monstruo pertenece al imaginario del protagonista; sin embargo, en la de Vigalondo el monstruo es real, con consecuencias en la vida real, aunque no pierda nada de su valor simbólico. En ésta, además, la historia es bastante más adulta que la primera, más universal.

Creo que queda claro que me gustó la película. A Silvia le encantó. Cuando una película se queda al margen de los géneros reconocibles, hay que admitir que “puede ser para gustos” y viendo las críticas, tan variadas, pues parece ser que sí va a ser para gustos (y supongo que para amiguetes). Pero hay una cosa que me llama la atención en todas las críticas que he leído de la película, y he leído unas cuantas: ninguna hace referencia al alcoholismo de la protagonista, que es el vórtex de la espiral autodestructiva de su vida. Parece como si quisieran obviar ese tema. Hasta me quedé con la sensación de que este aspecto se suaviza en el doblaje, porque hay momentos en los que la entonación no parece encajar con el lenguaje corporal de la protagonista. ¿Será porque preferimos mirar a otro lado cuando nos presentan un problema? Eso sólo consigue que el problema se haga mayor. ¿Será porque tememos que nos corte el buen rollo de fiesta y evasión? Pues si creemos depender del alcohol para ello, ya tenemos un problema. Mientras no lo afrontemos, seguirá ganando.

gloria alcohol

Siento haberme puesto tan serio. Será cosa de la calor, o será cosa de pasar las solicitudes del fondo de libros y las ayudas. Así no hay quien duerma (por ninguna de las dos razones).

Una última moraleja: en estas aciagas semanas en las que la cartelera parece un yermo, no perdáis la fe; buscad y hallaréis. Estábamos a punto de no ir al cine y Colossal quizá haya sido la mejor película que hemos visto desde Lady Macbeth.

Extras:

  • Making ¿off/of?: He estado a punto de titular esta reseña “Monster Woman” como guiño a Wonder Woman, pero en producción me dijeron que no, que resultaría confuso. Sí, ya les dije que la confusión era parte del estilo, que leyeran el resto de la reseña. Pero no me hicieron caso. Dijeron que no cobraban lo suficiente como para leer la reseña, se conformaban con leer el título. Por eso os quiero tanto: por haber llegado hasta aquí. ¡Hasta la próxima!
  • ¿Sabías que… ?: Otro buen título habría sido Un monstruo viene a ver a Anne Hathaway.
  • Aviso: Se ruega al propietario del vehículo 5764 HDP que acuda a retirar el vehículo… al depósito municipal.
  • Advertencia legal: ningún animal fue lastimado o herido en la redacción de este post. Excepto Turka. Turka quería salir a la calle.
Fuentes de las imágenes: internet, ya sabéis, buscáis en Google y lo que surja.

Titulando

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Con este calor no hay quien duerma, así que voy a aprovechar el insomnio y escribir una nueva entrada en este blog que tan abandonado tengo. ¡Desde febrero sin publicar! Y yo que cuando empecé quería publicar una entrada por semana. ¡Qué iluso!

Que no haya publicado no quiere decir que no tuviera temas sobre qué escribir. Al contrario, la abundancia de los mismos me ha bloqueado al sentarme frente al ordenador, de modo que escoger tema ha sido la segunda causa de que no haya publicado (la primera, evidentemente, ha sido el trabajo, que ha incluido casi una semana en Barcelona).

Podría escribir sobre los libros que he leído durante esta temporada. Me he apuntado en el Club Virtual de Lectura de las Bibliotecas Municipales de A Coruña y está siendo una experiencia fructífera y enriquecedora, mucho más de lo esperado. En lo que va de año llevamos leídos: El otro nombre de Laura, de Jon Banville (publicado bajo el seudónimo de Benjamin Black), Los caballos de Dios, de Mahi Binebine, Tokio Blues, de Haruki Murakami y actualmente estamos leyendo Nieve, de Orhan Pamuk. La verdad es que me da un poco de reparo escribir sobre ellos, puesto que ya los vamos comentando en el blog del Club (https://ciberclublectura.wordpress.com/) y tengo la sensación de que estaría “traicionando” al Club.

También me gustaría dedicar una entrada-homenaje a la Sinfónica de Galicia (y al Coro), por la (muy) espectacular temporada de 25 aniversario que se han marcado. Tremenda. También me gustaría poseer el conocimiento musical necesario para poder escribir sobre los conciertos con fundamento.

Y, por supuesto, al cine, al bendito cine, que estas dos últimas semanas presenta una cartelera un poco raquítica, pero en las semanas anteriores nos metimos un buen atracón, como si tuviéramos que ver todas las películas que nos interesaban: desde Guardianes de la Galaxia 2 hasta Lady Macbeth pasando por…

Stefan Zweig: adiós a Europa

Dirigida por Maria Schrader e interpretada, entre otros, por Josef Hader en el papel de Stefan Zweig y Aenne Schwarz, el título de esta producción austríaca induce a pensar (al menos, a mí me indujo a ello) que la película trataría sobre el período temporal previo al exilio del escritor, que huyó del nazismo hacia América. Sin embargo, oh sorpresa, la película es un biopic sobre los años del exilio, comenzando con una recepción oficial en Brasil. Tal vez hubiera sido más acertado titularla Stefan Zweig: hola a América.

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A través de diferentes episodios, va creando una aproximación al pensamiento del escritor vienés, sus opiniones políticas, su actitud ante el auge del nazismo y el fascismo en Europa, su papel como vía de acceso para otros exiliados, su vida familiar, las expectativas que creaba entre la gente que lo acogía…

A pesar de las excelentes interpretaciones y la impecable recreación, no es una película fácil de ver. Y no sólo por los cortes entre los capítulos que compartimentalizan la acción y desestructuran el hilo argumental (esa segmentación congénita en el género del biopic), sino, especialmente, porque para disfrutarla plenamente requiere de conocimientos previos sobre el autor, la época y el contexto político e intelectual. Hay que hacer un esfuerzo por engancharse. Pero merece la pena porque va cobrando potencia hasta una escena final intensa y finamente rodada, con el matrimonio suicida apenas mostrado, pero protagonista, ante el cual se lee la carta de despedida a sus amigos, en la que les desean que puedan ver la aurora (tras la larga noche en la que se había sumido Europa).

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Y henos aquí de nuevo en el punto de partida: el título original en alemán era Von der Morgenröte (subtitulado Stefan Zweig in Amerika), lo que vendría siendo Antes de la aurora, en clara referencia a la frase de la carta de despedida. Supongo que habrán tomado la traducción directa del título en inglés (Stefan Zweig: Farewell to Europe), sin preocuparse de nada más. Pero bueno, que nada sorprende. Llegó el mayo pasado a las salas de España, a pesar de haberse estrenado ya en 2016. ¿Qué prisa habría? Llegó, supongo que en patera, porque nadie se enteró de que había llegado… Otro día hablaremos de los doblajes… Del respeto al arte, ¿para qué? Somos como somos.

Os recomiendo la opinión acerca de la película escrita por Laureano Araujo: http://praza.gal/opinion/3971/antes-da-aurora-stefan-zweig-en-america/ . Por mi parte, no podría expresarlo mejor.

Venga, un saludo a tod@s, gracias por leer el post y espero que el siguiente no se demore tanto.

 

Diario de un joven médico, de Mijaíl Bulgákov

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Mijaíl Bulgákov (1891-1940) se graduó en medicina y ejerció como médico antes de convertirse en escritor. De su experiencia como médico novel, en la Rusia rural de los primeros años de la Revolución, se nutren los relatos que componen Diario de un joven médico (Alianza Editorial, 2016; 10,90€ en edición de bolsillo). El tema central es dicha experiencia, pero lo que más llama la atención del libro es la sencillez y la humanidad con que el autor observa a sus congéneres.  Lo cual parece un elemento común en la literatura rusa (al menos, hasta donde he leido, que no es mucho, la verdad). También hay que resaltar la capacidad de abstracción para contemplarse y juzgarse a sí mismo y su trabajo, en unas ocasiones incluso con cierta dosis de humor; en otras, con una clarividencia sobrecogedora, como hace al relatar la adicción a la morfina (de origen autobiográfico). Los relatos que componen el libro guardan imágenes y momentos difíciles de olvidar y uno termina la lectura con la impresión de que el joven médico ha tenido que enfrentarse a su escasa experiencia superando todo miedo o inseguridad, pero que también ha tenido que superar una gama de dificultadas que van desde la climatología hasta la ignorancia de la gente.

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No es la obra más conocida de Bulgákov, pues dicho honor lo ostenta El Maestro y Margarita (que, al parecer, inspiró Simpathy for the Devil, de los Rolling Stones (!)), seguida de la muy interesante Corazón de perro, pero sí que es un libro que merece la pena ser leído y disfrutado. Qué pena que un autor como Bulgákov terminara como tantos otros talentos de su época (Grossman, Shostákovich…), condenado a la marginación y al ostracismo, con sus obras convertidas en samizdat (ediciones clandestinas).

Compré el libro un sábado. Silvia estaba en Madrid (como hoy, ¡qué casualidad!) y yo me fui al Marineda a ver Deadpool, que se había estrenado ese fin de semana. Como llegué temprano, me acerqué por la librería del Corte Inglés y lo compré. Principalmente para aprovechar un poco el tiempo mientras no empezaba la película. Y creo que me leí un par de relatos antes de que empezara. Tuvo que ser raro. Un tipo leyendo a Bulgákov mientras espera a que se apaguen las luces para ver la peli del rey de la chimichanga. La seguridad falla -y mucho- en este país.

 

Hace casi cinco meses que no publicaba en el blog. Ha sido una retirada forzada por causas muy dispares: saturación de trabajo, colapso del portátil, razones de salud, … Pero también las dudas acerca de sobre qué escribir y que cuanto más pasaba el tiempo, más temas se me iban acumulando y cada vez la explicación de mi retraso era más compleja. Cuando esta mañana, por fin, me decidí a pasar a la acción, me encontré con esta entrada incompleta… ¡Desde julio! Intentaré aprovechar los carnavales para sacar alguna otra entrada y, de paso, contaros algunas novedades. Y retomar las publicaciones regulares. Un saludo a tod@s y gracias por seguir ahí.

Cómo leer literatura, de Terry Eagleton

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Desde que leí el episodio sobre Interpretación, no dejo de pensar que las cinco plumas de la portada de este libro deben representar las cinco partes en las que se divide: Comienzos, El personaje, Narrativa, Interpretación y Valor. Eagleton se basa en estas cinco dimensiones de las obras literarias para, además de enseñarnos, animarnos a disfrutar de un modo más pleno y profundo nuestras lecturas.

Es un ensayo, por supuesto, pero, en la mejor tradición anglosajona, se olvida de definiciones y marcos teóricos para mostrarnos con ejemplos, ejemplos, más ejemplos y buen humor el valor patente en la literatura. Es un libro que nos impulsa a leer más, pero sobre todo mejor, abriéndonos las puertas a la sensibilidad necesaria para apreciar los matices de los libros que leemos. ¿Qué hay mejor que disfrutar de la lectura de un libro que te hace disfrutar de la lectura de otros libros? Pues eso.

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La verdad es que llevo con él casi dos meses. Pero no porque no me apeteciera leerlo, todo lo contrario, sino por la misma razón por la que no he publicado en el blog: los días sólo tienen veinticuatro horas. Durante este tiempo “castigado” sin leer, las pequeñas escapadas a este libro han sido un calmante en pequeñas dosis. Pero al leerlo, no sólo he disfrutado de él, sino de pedacitos de Grandes Esperanzas, Harry Potter, Hamlet,… hasta La Tierra Baldía. Era como encontrarse con un viejo amigo para disfrutar de las pasiones comunes.

Pero las cinco plumas de la portada también evocan para mí los cinco libros que se ha ventilado Silvia en algo menos de un mes. La envidia (sana) que me da es inabarcable. Me recuerda a aquellos tiempos anteriores a las obligaciones laborales, cuando me leía una media de treinta y séis libros al año. Tiempos en los que mi mayor ilusión era vivir en una librería o en una biblioteca (oculto entre los estantes, devorando libros…). Tiempos en los que Silvia no cogía un libro ni por despiste y su respuesta era única para cualquier propuesta: “ya harán la peli” (daba igual que fuera un libro de Stephen King que el Plan General Contable). Mi ritmo cambió por obligación. El suyo, por devoción: le gustó tanto El Ansia (la película de Tony Scott con Catherine Deneuve, Susan Sarandon y David Bowie) que sintió curiosidad por el libro (de Whitley Strieber) que tenía yo en alguna estantería. Y poco a poco se fue enganchando a leer. Ahora está a ritmo de trituradora. Desde su cumple (10 de septiembre) hasta el 10 de octubre, se ha leido cinco libros: El libro de los Baltimore y Los últimos días de nuestros padres, de Joel Dicker, la última entrega de la Trilogía del Batzan, de Dolores Redondo, La musa oscura, de Armin Öhri y Tres días y una vida de Pierre Lemaitre. Dice que a cada cual, mejor. Así que ya sabéis. Vosotros que podéis, id leyendo.

Os dejo con un párrafo del libro:

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Hablando en series

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Nos estamos metiendo un atracón de  series entre pecho y espalda que no puede ser sano.

Empezamos el verano suave, siguendo Outcast y la segunda temporada de Wayward Pines. La primera, de los creadores de The Walking Dead, supone un interesante giro al tema de las posesiones y los exorcismos y, aunque en algunos episodios se hace un poco parada y determinados puntos de la trama se me antojan poco verosímiles, posee un estilo propio, una especie de oscuridad húmeda, y unos personajes que más que presentar muchas caras presentan muchas aristas, consiguiendo que la temporada nos deje intrigados por la continuación. Por su parte, la segunda temporada de Wayward Pines es bastante floja, en sintonía con el final de la primera temporada. Tiene un planteamiento interesante, pero, desde que se se desveló en la primera temporada el secreto del pueblo, el guión no hace más que dar bandazos sin demasiado criterio, con personajes que entran y salen de la trama principal sin demasiado sentido. Aunque entretiene, tengo que reconocer que en numerosas ocasiones lo hace por la mera curiosidad de saber cómo van a salir los guionistas del lío en que se han metido.

Y después de estas dos llegó el maratón de maratones. El primero, Stranger Things. Es la serie de moda y lo es merecidamente. Junto con el PokemonGo, quizá la sensación del verano. De hecho, después de Pokemon y los memes olímpicos, ha sido una de las referencias más utilizadas en las redes sociales. La serie narra, desde ese territorio común de la ciencia ficción y el terror, las aventuras de un grupo de niños en la búsqueda de un amigo desaparecido y tras la aparición de una misteriosa niña de cabeza afeitada, Once, que ha huido de unas instalaciones del gobierno. Toda la serie es un homenaje a los años 80, con referencias a Spielberg, Reiner, Carpenter, Stephen King… Tira de una fórmula repescada recientemente por Super 8 (niños que se meten en un berenjenal que les queda demasiado grande), y para mí demuestra que el problema no es la fórmula en sí, sino si la historia capta nuestro interés o no. Lo malo viene cuando esa fórmula se usa como canon para simplemente vender más de lo mismo.

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Sin dejar que la pelota botara, nos metimos de lleno con Black Mirror, una serie de la BBC con una orientación un poco más adulta. Es una serie de ciencia ficción en la que, en capítulos independientes, se aborda principalmente la relación de la sociedad moderna con los avances tecnológicos. Es ciencia ficción de la buena, no una mera excusa para emplearla de marco para historias de aventuras, sino de la que plantea cuestiones interesantes y nos hace enfrentarnos a nuestra forma de ser y pensar. ¿Podría un ente artificial sustituir a los seres queridos que nos han dejado? ¿Qué pasaría si pudiésemos almacenar todos nuestros recuerdos en una unidad de memoria, recuperándolos a nuestro antojo? ¿Y si pudiésemos  “bloquear” a aquellas personas que nos molestan o con las que no queremos hablar?

A Black Mirror la siguieron la tercera y cuarta temporadas de The Killing. En la tercera, la serie logra recuperar el pulso de la primera temporada que  había perdido en la segunda. Seattle vuelve a ser un ecosistema oscuro y lluvioso, visualmente desapacible e inquietante, donde ningún personaje, ni siquiera los protagonistas, es completamente inocente. La pena es que en el desenlace de esta tercera temporada, los guionistas se meten en un berenjenal que termina condicionando el desarrollo de la cuarta y haciendo que la serie flojee un poco. Si habéis visto la primera, merece la pena completar la serie.

Y para rematar el maratón, Sense8, una serie creada por las hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski y emitida por Netflix desde 2015. Ocho personas completamente desconocidas, de ocho lugares diferentes del mundo, tienen una extraña visión de una mujer. A partir de ahí, empiezan a compartir experiencias y sensaciones telepáticamente. Pero una organización gubernamental va tras ellos y no para bien, precisamente (después de la pausa de The Killing, regresamos a la ciencia ficción). La primera temporada de la serie consta de 12 capítulos llenos de buen rollo y mejores vibraciones… y poco más. Estuvimos a punto de tirar la toalla varias veces, porque, aunque nos gustara lo que veíamos, nos quedaba la sensación de que no nos habíamos movido del sitio. Con visión de conjunto, la primera temporada la han dedicado a presentar a los personajes y su situación. Hay episodios en los que apenas pasa nada y la trama no avanza. Aunque soy de la opinión de que no hay nada más pretencioso que calificar algo de pretencioso, debo decir que me parece bastante pretencioso realizar una temporada de una serie basandose en la certeza de que se  continuará la misma en futuras temporadas. Hoy en día hay muchas series y de muy buena calidad. Y algunas se extinguen sin que se sepa muy bien por qué. Esperemos que en la segunda temporada mejore el ritmo.

Entrando en este tema, la verdad es que se agradecen las series que tienen temporadas cortas e independientes. No digo que todas tengan por qué ser así, claro. Pero sí es cierto que las ves con más relax o incluso ilusión que otras que continúan. Por ejemplo, cuando comienzas a ver una temporada de House of Cards, sabes que al final de la misma te van a dejar colgando hasta la siguiente, principal hándicap que posee esta serie. Otras, como Sherlock o Black Mirror, optan por temporadas muy cortas, pero intensas.

Bueno, un saludo a todos. Aquí nos quedamos pensando cuál va a ser la siguiente. ¿Finalizar Dexter? ¿Continuar Hijos de la Anarquía? ¿Daredevil? ¿Jessica Jones? Seguiremos dándonos atracones en serie.

Jason Bourne

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Jason Bourne es la quinta entrega de la saga Bourne, la cuarta protagonizada por el personaje que da nombre al título y que interpreta Matt Damon, y la tercera dirigida por Paul Greengrass, director exigido por Damon para participar en la nueva entrega.

Bourne, convertido en un nómada que se gana la vida en combates ilegales, es contactado por Nicki Parsons (Julia Stiles) para hacerle llegar los archivos de los programas secretos e ilegales de la CIA, revelándole nueva información sobre su reclutamiento para el proyecto Treadstone y convirtiéndole en blanco de la Agencia.

La película contiene todos los elementos de la saga: intriga, persecuciones espectaculares, conspiraciones, acción, un antihéroe persiguiendo tanto las piezas perdidas de su pasado como la redención… Aunque hay un elemento que había hecho de El Caso Bourne una película diferente: la capacidad simpática de un protagonista que, privado de sus recuerdos, busca la razón de su existencia, explorando todas las grandes preguntas que subyacen a esa situación: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué se espera de mí?, ¿podría ser diferente? Este elemento se ha ido diluyendo en la acción de las sucesivas tramas, hasta llegar a Jason Bourne, donde el personaje se ha convertido en una apisonadora, un avatar trágico, una especie de inversión de Terminator, en la que es un T800 perseguido por Sarah Connor, apenas una sombra del Bourne original. Contienen mucho más drama los antagonistas, agentes y directivos de la CIA interpretados por Tommy Lee Jones, Alicia Vikander y Vincent Cassel, o incluso el magnate de las redes sociales interpretado por Ato Essandoh. Una pena, porque había sido ese preciso elemento el que lo convirtió en referencia para el cine de acción de los últimos 14 años, llegando a ser el catalizador de la transformación de la franquicia Bond para que ésta alumbrara algunas de sus mejores cintas.

jason bourneFormalmente, es una película intachable: el ritmo es trepidante (demasiado, tal vez) y Greengrass es único para dirigir persecuciones en entornos caóticos, generalmente urbanos, con espectaculares escenas en automóvil. Tanto que ha sentado cátedra,  para bien y para mal. Lo que hace diez años era un nuevo estilo, hoy ya no sorprende, por la imitación reiterada de la fórmula, por magistral que siga siendo. Personalmente, aunque me encanta Alicia Vikander, especialmente desde su interpretación en Ex-Machina, me pareció chocante que una persona de aspecto tan joven tuviera un peso tan elevado en una organización como la CIA. En Operación U.N.C.L.E. pegaba, tal vez por su tinte cómico; en Jason Bourne, no.

En resumen: la película es entretenida y más que correcta, una genuina producción de la franquicia Bourne, que no defrauda, pero que deja con el ganas. Quieres pizza y descongelas una en el horno… y piensas en el olor que entraría por la puerta mientras le pagases al pizzero. Pues eso.

He escrito esta reseña dando por supuesto que todo el mundo conoce las anteriores películas de Bourne: El caso Bourne, El mito de Bourne, El ultimátum de Bourne y El legado de Bourne (la única que no protagoniza Matt Damon, sino Jeremy “Ojo de Halcón” Renner). Pero seguro que muchos de vosotros desconocíais que existe otra película de El caso Bourne, también basada en la novela de Robert Ludlum. Pues sí, data de 1988 y se le tituló “Conspiración terrorista: El caso Bourne” (The Bourne Identity), dirigida para televisión por Roger Young e interpretada por el espinoso pájaro Richard Chamberlain y la angelical charliana Jaclyn Smith. Si tenéis la oportunidad de verla, es toda una curiosidad: muy ochentera, pero entretenida. Que lo sepáis.

Ready Player One, de Ernest Cline

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Oasis es el nombre de un sistema de realidad virtual en el que se habrá sumergido la humanidad dentro de unos pocos años. Creado originalmente como plataforma de juegos, su versatilidad la ha convertido en un universo paralelo, donde los usuarios (o sus avatares -personajes creados por ellos) pueden interactuar libremente. Las posibilidades creadas por Oasis, así como la necesidad de evasión de una humanidad sumida en una terrible depresión causada por la escasez de recursos, le proporcionan un éxito mundial sin precedentes, convirtiéndolo en un entorno preferido al mundo real.

El creador de esta plataforma, James Halliday, desarrollador de videojuegos que ha amasado una inmensa fortuna, fallece legando la misma a quien sea capaz de superar una serie de enigmáticas pruebas. Cinco años después, y a pesar de que media humanidad se encuentra volcada en conseguir el codiciado premio, ni siquiera se ha resuelto la primera pista… Hasta que Wade, el protagonista de la novela, lo consigue, disparando así una frenética competición a través de los videojuegos, la música y el cine de los años ochenta.

De hecho, toda la novela resulta un inmenso homenaje a la cultura pop de esa década, con constantes referencias a los primeros videojuegos: shooters, arcades, aventuras… La propia narración se ve impregnada por las estructuras narrativas de los grandes éxitos juveniles del cine de la década como Juegos de guerra, Los caballeros de la mesa cuadrada o Lady Halcón. La novela debería clasificarse dentro del género de la literatura juvenil, ya que emplea profusamente elementos característicos del mismo: un joven huérfano y marginado con un increíble talento que no florece a causa de sus limitados recursos; temas como el primer amor, la aceptación de uno mismo, la amistad, la lucha contra el orden establecido o la lealtad; unos malos muy malos tendiendo a peores; una tecnología que abre las puertas a un entorno casi mágico… Sin embargo, parece difícil que los jóvenes actuales puedan captar todas las referencias culturales a los años ochenta. Quizá sean los adulescentes los que puedan disfrutarla plenamente, especialmente aquellos que sientan nostalgia de Asteroids, PacMan o Dragones y Mazmorras.

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Al margen de esta clasificación dudosa, no cabe duda de que estamos ante una obra de ciencia ficción. Y en este campo es donde la novela desata su potencial. No tanto por la imaginación o la originalidad de sus planteamientos, sino por su inmediatez, por la tangibilidad de su ficción, que hace que las cuestiones planteadas se perciban como actuales y más reales que potenciales. De hecho, la descripción que hace Ernest Cline de Oasis recuerda a los juegos RPG como The Elder Scrolls o Fallout. De hecho, Oasis es un universo donde no sólo se abarca todo el  continente de Tamriel del primero, sino también, al mismo tiempo, la tierra postapocalíptica de Fallout y cualquier otro mundo concebible. La evolución de los gráficos de los videojuegos hacia un realismo cada vez más detallista, la conexión permanente a la red o la creciente interacción entre el entorno real y el digital son el presente de la tecnología, más que un futuro improbable e hipotético. Por eso, las aventuras de Wade y sus dilemas se hacen creíbles. Tal vez no tengan la profundidad de los replicantes de Philip K. Dick, ni el misticismo de Orson Scott Card o Frank Herbert, o el espíritu inquisitivo de Asimov; pero sí que poseen la fuerza de saber que pueden hacerse realidad mañana. ¿Tristemente?

Por mi parte, ha sido una lectura perfecta para este verano. Ligera e interesante per se, y cautivadora por sus referencias a los ochenta: a juegos a los que he jugado, a películas que he visto en el cine y a música que he disfrutado como novedad… viejuno que voy… cagüentó.

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Para rematar, un par de apuntes. El primero: se supone Spielberg la va a llevar a la gran pantalla. A ver si es cierto.

El segundo: un tirón de orejas a Ediciones B, porque la calidad de sus ediciones es lamentable. Me explico: compré el libro hace un par de años. Apenas un par de años. Pero cuando lo he rescatado del estante (donde se encontraba entre libros con tanta o mayor antigüedad) ya presenta evidentes signos de degradación. No es la primera vez que me sucede algo así con libros de esta editorial, que opta por ediciones en papel de muy baja calidad. ¿Realmente creen que se pueden pagar 17 ó 18 euros por un libro así? Creo que las ediciones en papel tienen que cuidar la calidad de la edición, si no, se abre la puerta de par en par a las copias digitales… y al pirateo. Los que estéis suscritos a Kindle Unlimited, lo tenéis gratis, que sepáis.

Gracias a Tony por recomendarme este libro.

Pd: no he parado de recordar el siguiente vídeo durante toda la lectura. Muestra la evolución de la saga The Elder Scrolls a lo largo de 12 años. Tomadlo como un bonus track de la entrada del blog:

Ahora sí:

GAME OVER

La leyenda de Tarzán

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Alexander Skarsgard, Margot Robbie, Samuel L. Jackson, Cristoph Waltz, Djimon Hounsou, millones de dólares en presupuesto y efectos especiales hasta la saturación. Pero ni la dirección emociona ni el guión supera la prueba más benevolente y los peores temores se hacen realidad. Y aunque los dos primeros tercios de la película se soportan, el despiporre del tercio final, con sanfermines incluidos, es increíble. Estos actores no se merecían esta película.

La narración comienza cuando Tarzán ya no es Tarzán, sino Lord Greystoke, años después de ser “rescatado” de su salvajismo por Jane, y afincado en la Inglaterra de finales del XIX, tras lo que debió ser un milagro de la logopedia victoriana. Atraído arteramente por un malvado secuaz del rey Leopoldo II de Bélgica, que trata de usarlo como moneda de cambio para conseguir una fortuna en diamantes, vuelve al Congo, donde terminará corriendo arriesgadas aventuras para tratar de salvar a sus seres queridos.

Abandonada la historia original de Tarzán (me imagino que no querrían, o no sabrían, repetir la historia), el tema del salvaje feliz abandonado a su suerte en la infancia y criado por bestias, incapaz de adaptarse a la vida teóricamente civilizada y que descubre su identidad sexual de la mano de una encantadora Jane, la aventura del film pierde la esencia del personaje, a pesar del reiterado recurso a elementos identificativos, y podría ser protagonizada por cualquier otro. Por ejemplo: pongamos que en lugar del Congo belga el país es Wakanda y el protagonista Pantera Negra (o su bisabuelo). Titulamos la peli: Los Vengadores, orígenes: Pantera Negra, y seguirá funcionando exactamente igual.

El guión trata de ganar profundidad estableciendo como telón de fondo el genocidio congoleño del rey Leopoldo II, pero se encoge a la hora de mostrarlo y lo reduce a una cruel esclavitud. Personalmente, me parece una trivialización dolorosa de uno de los mayores genocidios de la historia (podéis leer más en wikipedia). Aún no sé qué pensar de que el personaje encarnado por Samuel L. Jackson se llamara George Washington Williams, porque creo recordar que el primer presidente de los Estados Unidos era propietario de una plantación con  esclavos. Pero que si os dan igual estas cosas no pasa nada, en serio.

¿Qué cosas positivas se pueden señalar acerca de esta película? Algún chiste, algún apunte visual, el diseño de producción (muy inspirado en el Tarzán de Disney, bueno, en Disney, en general) y sobre todo que te hace valorar las antiguas películas de Johnny Weismuller, con su pulcra narración lineal, con su aparente simpleza, sus cocodrilos de caucho, las monadas de Chita, su patentado grito, el “Yuyu, massa; yuyu!!” de los porteadores batusi, los caníbales, los pérfidos y ambiciosos exploradores…

Y al margen de esto me queda una pregunta: ¿hasta qué punto ha sido Eric Northman catalizador del taquillazo de esta película? La respuesta tal vez se oculte en los silencios de la sala ante el torso desnudo del rey de la jungla.

la leyenda de tarzán

 

Nota para los despistados: Eric Northman es el nombre del personaje de True Blood interpretado por Alexander Skarsgard.